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Profundizando en las emociones

Las emociones ¿Qué son las emociones? ¿Las consideras a menudo un estorbo, un impedimento? ¿Eres siempre consciente de cómo te sientes?

 

En mi práctica diaria como psicóloga me doy cuenta de que muchas veces las personas no saben qué sienten; y si son conscientes no tienen los recursos o la capacidad de regular esa emoción. Por ello muchas veces la emoción no es atendida.

Las emociones  están conectadas a nuestras necesidades más esenciales. Nos dicen qué necesitamos en el momento que las sentimos. Nos guían para que podamos llevar a cabo acciones que nos llevarán a satisfacer nuestras necesidades.


Ahora bien, hay veces que parece que lo que estamos sintiendo no nos ayuda teniendo en cuenta la situación en la que estamos. Por ejemplo, ¿por qué ibas a sentir miedo a hablar con tu jefe si nunca te ha gritado, y a ti te interesa caerle bien? ¿Por qué sentir miedo a hablar en público si a ti te interesa hacer bien la presentación? ¿Por qué sientes tanta tristeza o enfado en una crítica constructiva?

 

Es por ello por lo que es muy importante entender que las emociones pueden ser adaptativas o desadaptativas.

Una emoción es adaptativa cuando te ayuda a enfrentar un peligro haciendo que actúes o dándote información. Cuando la información que nos da es coherente con el contexto.

Sería adaptativo sentir miedo ante un peligro, tristeza ante un abandono, enfado ante una agresión…

Sin embargo una emoción es desadaptativa cuando no es coherente con la situación y el contexto. ¿Por qué existen?

Las emociones desadaptativas fueron adaptativas en el pasado de la persona pues fueron desarrolladas en una situación traumática.

Lo que ocurre es que se siguen disparando en el presente cuando ya no son necesarias. Ese pasado o situación traumática ya no están aquí pero esas emociones se siguen activando.

Pongamos un ejemplo. Imaginemos un paciente cuyo padre gritaba mucho. En el pasado era adaptativo y necesario que ese niño tuviera miedo. Era la figura que le cuidaba y era importante que no perdiese su afecto.

Si esos gritos de padre son frecuentes y la emoción de miedo de ese niño nunca es sostenida se producen cambios en la amígdala. Esta es la encargada  de recibir información de los estímulos que llegan a los órganos sensoriales.

Esto significa que ante cualquier estímulo parecido al padre (autoridad, hombre, mismo tono de voz) la amígdala disparará automáticamente la misma emoción de miedo sin que la información pase primero por el neurocórtex.

 

A continuación voy a explicarte qué emociones suelen ser las más evitadas pero que son cruciales para ser humanos y sobrevivir.

 

EMOCIONES

 

  1. Tristeza

Te da la información de algo importante se ha perdido. Puede ser una persona, un sueño, una esperanza, un trabajo…

Es una de las emociones más evitadas y sin embargo es la que nos hace más humanos. ¿Qué seríamos sino sintiéramos tristeza ante la pérdida de algo valioso? Las únicas personas que no son capaces de sentirla son los psicópatas.

Sirve para pedir ayuda y que te den apoyo (cuando alguien llora le preguntas que le pasa, es una emoción que genera altruismo y generosidad). La tristeza te recoge y aísla para hacerte cargo de cosas pendientes, tu cuerpo baja la temperatura y entra en modo “hibernación”.

 

  1. Miedo

Te da la información de que hay peligro. Sirve para que busques seguridad. El miedo suele generar una activación que te prepara salir corriendo o enfrentarte a la situación. También puede paralizarte, un mecanismo de defensa que tenemos desde la Prehistoria similar al de un camaleón que quiere pasar inadvertido.

 

  1. Asco

Te da la información de que hay algo dentro de ti que te está contaminando o envenenando y que tu cuerpo no puede tolerarlo. Sirve para alejarse de cosas que pueden dañarnos (comida en mal estado, sustancias tóxicas como el gas, situación con otras personas que puede perjudicarte como alguien que acosa en el metro).

 

  1. Enfado

Te da la información de que se ha traspasado la libertad, propiedad o límites de tu persona. Esta emoción suele estar mal vista porque se confunde con agresividad. Sin embargo puedes estar enfadado pero poder comunicarte de forma asertiva. Sirve para protegerte y defenderte. En terapia hay veces que es realmente sanador poder ver como una persona puede pasar de sentirse culpable o con miedo, a conectar con  enfado por darse cuenta de que merecía que le hubiese pasado otra cosa. Es una emoción que te valora y te hace quererte.

 

  1. Culpa

 Te da la información de que eres la causa del daño de otro. Te sirve para querer enmendar el error y demostrar que eres bueno y digno de confiar. Esta emoción suele sentirse en exceso de forma desadapativa. Te propongo que cada vez que te sientas culpable te preguntes ¿realmente mi objetivo era hacer daño a esta persona? Muchas veces lo que hacemos provoca en el otro dolor, pero que lo provoque no significa que seamos responsables y culpables de ello.

 

  1. Vergüenza

Te da la información de que has hecho algo que amenaza tu valor a ojos de los demás. Esta emoción es necesaria para poder pertenecer al grupo. A integrarte en la sociedad.

 

 

La próxima vez que te encuentres mal, te invito a que trates de profundizar qué tipo de malestar es. Identifica tu emoción.

Lo ideal sería que te la puedas permitir. Recuerda que todas las emociones que sientes son válidas. O bien las sientes porque en su pasado las necesitabas (desadaptativas), o bien la emoción quiere decirte algo por tu bienestar (adaptativas).  No las juzgues.

Después de aceptarla puedes tratar de expresarla, o bien a solas o a algún amigo. Existen muchas maneras de expresar, hablando, escribiendo, dibujando, cantando, llorando abrazada, gritando, bailando… Depende de la emoción sentirás expresarla de una determinada forma.

Si observas que tienes dificultades en expresar tu emoción y contenerla es ahí cuando un trabajo terapéutico podría ayudarte, enseñándote cómo estar ahí para ti.

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Mónica Jiménez Psicología
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